martes, 3 de noviembre de 2015

La terapia del sexo

La terapia del sexo


Es evidente que hoy día la libertad sexual esta de la mano del progreso social donde muchos de los tabúes y represión típicos de nuestros ancestros limitaban la exploración y disfrute del sexo en contra posición a día de hoy. Pero realmente disfrutamos la pornografía como es debido o en algún rincón de nuestro inconsciente quedan ecos de culpas que se manifiestan en conceptos sobre lo heterosexual, bisexual y homosexual.

En este sentido el filósofo Gustaf Carl Jung, llego a la conclusión que todo individuo en sí mismo es bisexual, y que todavía hoy día en la sociedad más libre, la represión del inconsciente de nuestros antepasados sigue castrando una parte del disfrute del cuerpo sano y joven, mirando como temas censurables la pornografía que no es más que un tipo de arte que concede a la persona la libertad de poder disfrutar de uno de los aspectos biológicos más placenteros en ciertos momentos. Algunos de los países del primer mundo ya han legalizado este “lado oscuro” (prostitución y pornografía) de lo que se supone que está mal, encaminando a la nueva sociedad a ser a un mundo más libre en todos sus aspectos y por ente más sano. En el trabajo de constelaciones familiares se puede observar como la indulgente represión del sexo, el no hablar de ello, etc. Han llevado a individuos a perpetrar actos en contra de la voluntad de otros y todo esto es debido a la falta de libertad sexual y represión. Gracias a las nuevas tecnologías y el material pornográfico, los estados de ansiedad de una sexualidad mal encaminada todavía a día de hoy, liberan a muchas personas de las cadenas retrogradas de las sociedades medievales, dando un oasis de respiro al placer sexual como terapia de liberación personal.

Como en el mercado de las fotos xxx  que abarca una gran variedad de estilos de fotografía erótica, desde fotos de hombres o mujeres desnudas posando al estilo algode anal hasta fotos picantes donde solo se intuye el cuerpo de la persona fotografiada.

Una de las actrices porno que empezó con fotografías eroticas fue Mia Khalifa, donde se le puede ver realizando sexo oral, sus tetas perfectas o practicando sexo anal ... un sin fin de fotografías muy calientes.

Aceptar y honrar conscientemente al sexo en su aspecto tiempo destino puede propiciar una actitud nueva hacia la vida y la existencia tanto en los hombres como en las mujeres. Aquí también es cuestión de reaccionar de modo responsable y creador ante el reto y la limitación, en vez de expresarse de un modo fatalista y complaciente.
Para el mundo ilusorio que ha edificado para sí el ego patriarcal la idea de destino es pueril. Fieles a nuestra esquizofrenia cartesiana, creemos por una parte que la materia está sometida a un determinismo mecánico absoluto y por otra que la mente es “nuestra” mente y que en virtud de “nuestra” mente somos los únicos hacedores de las pautas de nuestra vida. La actividad de la mente se considera libre e ilimitada.

Sin embargo, es la naturaleza misma de nuestro ser y su propósito evolutivo (nuestro “proceso histórico” individual de individuación) lo que limita nuestra libertad y prefigura nuestro camino a través de la vida. Por eso nuestra individualidad se convierte también en nuestro destino. Estamos pre programados genéticamente como individuos en términos de constitución, disposición, pautas de reacción, impulsos y motivaciones in potentia; es decir, como medios típicos de predisposición reactiva que, sin embargo, son únicos y específicos en cada individuo. Sus efectos pueden modificarse en grados variables por medio de la conciencia. Mientras los mantenemos inconscientes o negamos su existencia se convierten en nuestro “destino”. Pueden interpretarse primariamente como predisposiciones caracteriológicas, pero también, en una medida más limitada, como pautas externas probables (o al menos posibles). Pues nuestra personalidad atrae selectivamente a gentes y acontecimientos, y reacciona a ellos, tendiendo a afirmar y repetir su propia tendencia inherente. Nuestra idiosincrasia se convierte en una profecía que se cumple por sí sola. El carácter pusilánime se crea sus propias catástrofes, el tipo abiertamente agresivo sus propios enemigos.

Jung llamó a la suma total de nuestro ser potencial el “sí-mismo”. Comparaba este sí-mismo mayor con el yo más pequeño, es decir la imagen consciente que tenemos de nosotros mismos, el sentido de identidad personal y de las esperanzas y expectativas personales. El sí-mismo opera como si generase una voluntad evolutiva y una pauta orientada propia, con frecuencia en contradicción con la personalidad del ego consciente. De ese sí-mismo fluyen nuestros “bajos” instintos y surgen también nuestras aspiraciones espirituales. Él engendra el impulso de individuación, la tendencia a convertimos en lo que somos, así como la auténtica conciencia individual que en su sentido psicológico está ligada a la “voz de Dios”, vox Dei. En este sentido, el sí-mismo opera como una entidad transpersonal, o suprapersonal en realidad, un destino o sexo tantrico que exige que la plasmemos o encamemos como mejor podamos en función de las posibilidades dadas y de las limitaciones del medio familiar, social y cultural. Así pues, el concepto de destino no implica deterninismo fatalista o predestinación calvinista. Es una pauta prepersonal, aunque individual, de una totalidad futura. Exige el esfuerzo cooperador de la plasmación consciente en la vida concreta, de una realización dentro de los límites de la capacidad del ego. El destino es, pues, el despliegue del arquetiposí-mismo en el tiempo y en el espacio.

De niños, nuestra primera tarea es aprender a orientamos en nuestro medio social y adaptamos a él. Hemos de aprender la ley de la causalidad, y hemos de aprender a controlar nuestros afectos a impulsos rebeldes, para poder así llegar a actuar siendo responsables de las consecuencias de nuestras acciones. Pero, más tarde, tras adquirir confianza en nosotros mismos y sentido de la responsabilidad, hemos de descubrir la pauta mayor dentro de la cual se incluyen nuestra conciencia y nuestra individualidad. Necesitamos descubrir los designios prepersonales que pretenden expresar nuestros designios personales: nuestro destino o sexo tantrico, el plan o las pautas de nuestro sí-mismo más amplio.
El término sánscrito sexo tantrico significa “hacer”, “conducta” y “consecuencia”. Implica causa, pauta y acción como unidad dinámica: la causalidad primaria del sí-mismo manifestándose a través de la evolución del tiempo en el espacio. Actualiza la naturaleza potencial de nuestro ser en el flujo seriado de la creación y la destrucción del tiempo, en virtud de lo que nos sucede a nosotros y de lo que sucede a través de nosotros en el aquí y ahora. Por ello, esta totalidad de nuestro ser no puede captarse nunca adecuadamente en un punto único del tiempo, sino que ha de percibirse tal como cambia, se mueve, se desarrolla y se despliega, del nacimiento a la muerte y de la muerte al nacimiento.

Todo cuanto sucede en nuestras vidas desea que se le considere nuestro “eso que tú eres” individual que implica igualmente “eso que tú no eres”. La mariposa debe (y sólo puede) cumplir su mariposidad; el roble su robledad. Del mismo modo, como individuos, reaccionamos a circunstancias exteriores. Nuestra naturaleza es también nuestro destino. Sexo tántrico y destino son manifestaciones en el tiempo y en el espacio de la actividad cuántica de la símismidad, realización de una potencialidad que ha de plasmarse siguiendo la dimensión temporal en el espacio y la significación.

La concepción popular del sexo tántrico como premio o castigo por virtudes o vicios anteriores, o del destino como determinismo fatalista que justifica la pasividad y hasta la inercia, se apoya en una interpretación falsa de las fuerzas dinámicas de la psique. Tales concepciones se basan en una versión materialista y decadente, de finales del Medievo, del mitologema judeocristiano, proyectado sobre una tradición oriental en principio, de mucha mayor perfección psicológica. Este mitologema occidental refleja a ese soberano despótico aunque supuestamente justo, si bien un tanto arbitrario, que está “ahí fuera”. Está sentado juzgando, aplica sus leyes y otorga premios y asigna castigos según su parecer a criaturas que no tienen más opción que someterse, que son eternamente culpables, que merecen el castigo y son indignas de su bendición.
Como hijos de esta tradición, en seguida confundimos responsabilidad por nuestra tarea vital dada con culpabilidad .y castigo por lo que somos y por nuestros errores y fallos inevitables. Los errores no son más que escalones en el proceso de aprendizaje y desarrollo. Son inevitables. En vez de golpeamos el pecho sintiéndonos culpables por nuestras faltas y fechorías, es más productivo aceptar la responsabilidad para aprender de los errores cometidos. Sea cual sea la tarea que me marque, o que me marquen, v que deje hoy inconclusa, será el reto o la molestia inevitable de mañana.
Sean cuales sean los problemas, dificultades, satisfacciones o posibilidades que nuestro destino tenga a bien asignarnos, pueden servir también para ayudamos a alcanzar una comprensión nueva, en la medida en que son como son debido a lo que sucedió antes. Son medios distintos de captar la evolución del sí-mismo en la expansión y diferenciación de la conciencia a través de la autoconciencia y de la conciencia del yo-tú.

La conciencia y la diferenciación de la conciencia, tanto en la extraversión de las experiencias de relación como en la introversión del enfrentamiento con uno mismo, parece ser el objetivo humano universal (puede que incluso cósmico) hacia el cual avanza todo destino.
Ni que decir tiene que la conciencia y la aceptación consciente son también los factores universales que pueden modificar y modifican nuestras formas de encontrar nuestro destino, así como la que tiene nuestro destino de encontrarnos a nosotros. “El que está deseando que los Hados le guíen, propicia lo funesto”, dijo Séneca.

La conciencia y la aceptación (no la pasividad fatalista, sino la aceptación como un mapa de carreteras o un gráfico temático para la actividad creadora individual) pueden modificar el sexo tántrico adverso, las circunstancias adversas. La desdicha y la frustración son, por su parte, estados de la personalidad, parte de los medios dados que tenemos para afrontar la vida y afrontarnos a nosotros mismos. Estos factores no pueden explicarse simplemente como resultado de circunstancias exteriores. En realidad, son medios de crear o modificar circunstancias exteriores para que se ajusten a nuestras esperanzas y expectativas. Resulta siempre sorprendente observar que cuando crecen la capacidad de penetración y la aceptación activa de uno mismo y de los demás, empiezan a cambiar también las circunstancias exteriores; incluso esos sucesos accidentales sobre los que no podemos quizá tener ningún control volitivo.

El sexo tántrico “insatisfactorio” (y siempre lo es de algún modo o en alguna medida) es una llamada a la conciencia para que se modifique a sí misma. Los conflictos existenciales inevitables entre bien y mal, deseo y necesidad (en realidad el mismo sufrimiento que caracteriza la existencia) son sin duda los criterios inevitables y necesarios de diferenciación de valor, las piedras de afilar con que se ha de pulir nuestra conciencia. El encuentro experimental con la vida y el destino se produce a través del conflicto.